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sábado, 11 de junio de 2016
Sínodo sobre la familia.
martes, 31 de mayo de 2016
martes, 24 de mayo de 2016
martes, 3 de mayo de 2016
Juan Pablo II
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| La Visitación de la Virgen a Santa Isabel Catequesis de Juan Pablo II |
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El misterio de la Visitación,
preludio de la misión del Salvador 1. En el relato de la Visitación, san Lucas muestra cómo la gracia de la Encarnación, después de haber inundado a María, lleva salvación y alegría a la casa de Isabel. El Salvador de los hombres, oculto en el seno de su Madre, derrama el Espíritu Santo, manifestándose ya desde el comienzo de su venida al mundo. El evangelista, describiendo la salida de María hacia Judea, usa el verbo anístemi, que significa levantarse, ponerse en movimiento. Considerando que este verbo se usa en los evangelios para indicar la resurrección de Jesús (cf. Mc 8,31; 9,9.31; Lc 24,7.46) o acciones materiales que comportan un impulso espiritual (cf. Lc 5,27-28; 15,18.20), podemos suponer que Lucas, con esta expresión, quiere subrayar el impulso vigoroso que lleva a María, bajo la inspiración del Espíritu Santo, a dar al mundo el Salvador. 2. El texto evangélico refiere, además, que María realiza el viaje «con prontitud» (Lc 1,39). También la expresión «a la región montañosa» (Lc 1,39), en el contexto lucano, es mucho más que una simple indicación topográfica, pues permite pensar en el mensajero de la buena nueva descrito en el libro de Isaías: «¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvación, que dice a Sión: "Ya reina tu Dios"!» (Is 52,7). Así como manifiesta san Pablo, que reconoce el cumplimiento de este texto profético en la predicación del Evangelio (cf. Rom 10,15), así también san Lucas parece invitar a ver en María a la primera evangelista, que difunde la buena nueva, comenzando los viajes misioneros del Hijo divino. La dirección del viaje de la Virgen santísima es particularmente significativa: será de Galilea a Judea, como el camino misionero de Jesús (cf. Lc 9,51). En efecto, con su visita a Isabel, María realiza el preludio de la misión de Jesús y, colaborando ya desde el comienzo de su maternidad en la obra redentora del Hijo, se transforma en el modelo de quienes en la Iglesia se ponen en camino para llevar la luz y la alegría de Cristo a los hombres de todos los lugares y de todos los tiempos. 3. El encuentro con Isabel presenta rasgos de un gozoso acontecimiento salvífico, que supera el sentimiento espontáneo de la simpatía familiar. Mientras la turbación por la incredulidad parece reflejarse en el mutismo de Zacarías, María irrumpe con la alegría de su fe pronta y disponible: «Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel» (Lc 1,40). San Lucas refiere que «cuando oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno» (Lc 1,41). El saludo de María suscita en el hijo de Isabel un salto de gozo: la entrada de Jesús en la casa de Isabel, gracias a su Madre, transmite al profeta que nacerá la alegría que el Antiguo Testamento anuncia como signo de la presencia del Mesías. Ante el saludo de María, también Isabel sintió la alegría mesiánica y «quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno"» (Lc 1,41-42). En virtud de una iluminación superior, comprende la grandeza de María que, más que Yael y Judit, quienes la prefiguraron en el Antiguo Testamento, es bendita entre las mujeres por el fruto de su seno, Jesús, el Mesías. 4. La exclamación de Isabel «con gran voz» manifiesta un verdadero entusiasmo religioso, que la plegaria del Avemaría sigue haciendo resonar en los labios de los creyentes, como cántico de alabanza de la Iglesia por las maravillas que hizo el Poderoso en la Madre de su Hijo. Isabel, proclamándola «bendita entre las mujeres», indica la razón de la bienaventuranza de María en su fe: «¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!» (Lc 1,45). La grandeza y la alegría de María tienen origen en el hecho de que ella es la que cree. Ante la excelencia de María, Isabel comprende también qué honor constituye para ella su visita: «¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?» (Lc 1,43). Con la expresión «mi Señor», Isabel reconoce la dignidad real, más aún, mesiánica, del Hijo de María. En efecto, en el Antiguo Testamento esta expresión se usaba para dirigirse al rey (cf. 1 R 1, 13, 20, 21, etc.) y hablar del rey-mesías (Sal 110,1). El ángel había dicho de Jesús: «El Señor Dios le dará el trono de David, su padre» (Lc 1,32). Isabel, «llena de Espíritu Santo», tiene la misma intuición. Más tarde, la glorificación pascual de Cristo revelará en qué sentido hay que entender este título, es decir, en un sentido trascendente (cf. Jn 20,28; Hch 2,34-36). Isabel, con su exclamación llena de admiración, nos invita a apreciar todo lo que la presencia de la Virgen trae como don a la vida de cada creyente. En la Visitación, la Virgen lleva a la madre del Bautista el Cristo, que derrama el Espíritu Santo. Las mismas palabras de Isabel expresan bien este papel de mediadora: «Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno» (Lc 1,44). La intervención de María, junto con el don del Espíritu Santo, produce como un preludio de Pentecostés, confirmando una cooperación que, habiendo empezado con la Encarnación, está destinada a manifestarse en toda la obra de la salvación divina. [L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 4-X-96]
En el Magníficat María celebra la obra
admirable de Dios 1. María, inspirándose en la tradición del Antiguo Testamento, celebra con el cántico del Magníficat las maravillas que Dios realizó en ella. Ese cántico es la respuesta de la Virgen al misterio de la Anunciación: el ángel la había invitado a alegrarse; ahora María expresa el jubilo de su espíritu en Dios, su salvador. Su alegría nace de haber experimentado personalmente la mirada benévola que Dios le dirigió a ella, criatura pobre y sin influjo en la historia. Con la expresión Magníficat, versión latina de una palabra griega que tenía el mismo significado, se celebra la grandeza de Dios, que con el anuncio del ángel revela su omnipotencia, superando las expectativas y las esperanzas del pueblo de la alianza e incluso los más nobles deseos del alma humana. Frente al Señor, potente y misericordioso, María manifiesta el sentimiento de su pequeñez: «Proclama mi alma la grandeza del Señor; se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava» (Lc 1,46-48). Probablemente, el término griego tapeinosis está tomado del cántico de Ana, la madre de Samuel. Con él se señalan la «humillación» y la «miseria» de una mujer estéril (cf. 1 S 1,11), que encomienda su pena al Señor. Con una expresión semejante, María presenta su situación de pobreza y la conciencia de su pequeñez ante Dios que, con decisión gratuita, puso su mirada en ella, joven humilde de Nazaret, llamándola a convertirse en la madre del Mesías. 2. Las palabras «desde ahora me felicitarán todas las generaciones» (Lc 1,48), toman como punto de partida la felicitación de Isabel, que fue la primera en proclamar a María «dichosa» (Lc 1,45). El cántico, con cierta audacia, predice que esa proclamación se irá extendiendo y ampliando con un dinamismo incontenible. Al mismo tiempo, testimonia la veneración especial que la comunidad cristiana ha sentido hacia la Madre de Jesús desde el siglo I. El Magníficat constituye la primicia de las diversas expresiones de culto, transmitidas de generación en generación, con las que la Iglesia manifiesta su amor a la Virgen de Nazaret. 3. «El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación» (Lc 1,49-50). ¿Qué son esas «obras grandes» realizadas en María por el Poderoso? La expresión aparece en el Antiguo Testamento para indicar la liberación del pueblo de Israel de Egipto o de Babilonia. En el Magníficat se refiere al acontecimiento misterioso de la concepción virginal de Jesús, acaecido en Nazaret después del anuncio del ángel. En el Magníficat, cántico verdaderamente teológico porque revela la experiencia del rostro de Dios hecha por María, Dios no sólo es el Poderoso, pare el que nada es imposible, como había declarado Gabriel (cf. Lc 1,37), sino también el Misericordioso, capaz de ternura y fidelidad para con todo ser humano. 4. «Él hace proezas con su brazo; dispersa a los soberbios de corazón; derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos» (Lc 1,51-53). Con su lectura sapiencial de la historia, María nos lleva a descubrir los criterios de la misteriosa acción de Dios. El Señor, trastrocando los juicios del mundo, viene en auxilio de los pobres y los pequeños, en perjuicio de los ricos y los poderosos, y, de modo sorprendente, colma de bienes a los humildes, que le encomiendan su existencia (cf. Redemptoris Mater, 37). Estas palabras del cántico, a la vez que nos muestran en María un modelo concreto y sublime, nos ayudan a comprender que lo que atrae la benevolencia de Dios es sobre todo la humildad del corazón. 5. Por ultimo, el cántico exalta el cumplimiento de las promesas y la fidelidad de Dios hacia el pueblo elegido: «Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y su descendencia por siempre» (Lc 1,54-55). María, colmada de dones divinos, no se detiene a contemplar solamente su caso personal, sino que comprende que esos dones son una manifestación de la misericordia de Dios hacia todo su pueblo. En ella Dios cumple sus promesas con una fidelidad y generosidad sobreabundantes. El Magníficat, inspirado en el Antiguo Testamento y en la espiritualidad de la hija de Sión, supera los textos proféticos que están en su origen, revelando en la «llena de gracia» el inicio de una intervención divina que va mas allá de las esperanzas mesiánicas de Israel: el misterio santo de la Encarnación del Verbo. [L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 8-XI-96] |
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jueves, 17 de marzo de 2016
martes, 8 de marzo de 2016
Metamorfosis 'de película': Convierta sus fotos cotidianas en impactantes carteles de cine
sábado, 13 de febrero de 2016
viernes, 12 de febrero de 2016
Parábolas de Jesús.
1. DEFINICIÓN
Parábola deriva del griego "parabolé", término que sugiere una comparación. Una parábola es un relato corto, con forma de historia sencilla, real o inventada pero no fantasiosa, mediante la cual Jesús establece una comparación: "igual que sucede en tal caso, así sucede en tal otro". Esta comparación pretende mostrarnos una enseñanza de tipo "espiritual". No tenemos que olvidar que Jesús fue un predicador itinerante, y las parábolas son explicaciones y anuncio de su mensaje.
La parábola es diferente de la metáfora que consiste en una palabra usada con un significado o en un contexto diferente al habitual. Respecto a la alegoría se diferencia en que en ésta todos los detalles y figuras tienen significado, aunque en algunos casos sea forzado, mientras que en la parábola, todos los detalles tienen la finalidad de subrayar y enfatizar el mensaje único que el relato quiere enseñar. (Algunas parábolas sí tiene elementos alegóricos.) De las fábulas se diferencia en que intervienen personajes humanos.
2. CARACTERÍSTICAS
a) Tienen forma de narración, una especie de cuento de tamaño variable.
b) Son relatos de la vida diaria. No son asuntos complejos ni rebuscados. Los elementos que las constituyen están tomados de experiencias cotidianas de Jesús y sus oyentes: semillas, ovejas, deudores, prestamistas... Por eso se dice que son relatos verosímiles, no fantasiosos. En muchos casos la trama y sus elementos están tomados de la vida y muchos oyentes de Jesús habrán tenido la misma experiencia.
c) Lo anterior no excluye la posibilidad de que aparezcan otros recursos literarios como la hipérbole o circunstancias extrañas, exageraciones de difícil justificación a no ser que aceptemos que la finalidad de las parábolas sea suscitar la reflexión.
d) El interés de la parábola no radica en el relato, pues se trata de un relato simbólico. Hay un conjunto de símbolos y un mundo simbolizado. El conjunto de símbolos de la parábola está puesto al servicio de la enseñanza que Jesús quiere transmitir a sus oyentes.
e) Es este carácter simbólico lo hace que la parábola ayude a comprender y asimilar el principio de trascendencia que envuelve toda la temática religiosa y cristiana. Porque es a través de lo simbólico como podemos descubrir la intervención de Dios en la historia. El mejor lenguaje para hablar de Dios es el simbólico.
f) Las parábolas no son un método original y exclusivo de Jesús. Era una técnica utilizada por otros rabinos, pero en las de Jesús hay detalles que causan sorpresa y plantean un reto.
g) En general, las parábolas evocan experiencias desconcertantes y en casi todas late una paradoja que rompe los esquemas usuales de la vida: hay comerciantes que lo venden todo para comprar sólo una perla fina (¿de que vivirá después?, hay un padre que recibe y devuelve sus bienes al hijo pródigo que había dilapidado todo, un sembrador que malgasta la semilla en el camino y en las zarzas...
h) Las parábolas fueron instrumentos que Jesús usó para exponer su mensaje a la gente sencilla. Pero en ocasiones también las usó como arma dialéctica contra los líderes religiosos y sociales.
i) Los destinatarios de las parábolas eran gente sencilla del pueblo.
j) Jesús utiliza las parábolas porque busca la claridad. Habla en parábolas porque quiere que la gente le entienda. No son enigmas, a la gente le fascinaban precisamente porque las entendían.
3. FINALIDAD
Jesús no contaba parábolas para divertir al auditorio sino para exponer su mensaje, explicitarlo y aclararlo, y muy especialmente, para interpelarles.
a) Uno de los propósitos fundamentales de las parábolas de Jesús es exponer los principios fundamentales de su enseñanza. El centro del mensaje de Jesús es el Reino de Dio y las parábolas pretenden desvelarnos un aspecto fundamental de este Reino. Para el judío de aquellos tiempos el Reino de Dios era la personificación de la esperanza de salvación, la llegada del Reino de Dios se aguarda como liberación, como realización de la paz y la justicia. Jesús imprime a esta esperanza escatológica una dirección nueva: el Reino de Dios se cumple ahora. No sólo comienza a cumplirse el Reino, comienza también el escándalo. Un desconocido con un grupo de incultos, rodeado de gente de mala fama ¿iba a hacer realidad la esperanza del cambio, el Reino de Dios? No parecía fácil la empresa. la gente permanece incrédula y desconcertada. Es comprensible que en esta situación Jesús comience a hablar del Reino de Dios en parábolas: el grano de mostaza, que es la más pequeña de las semillas; la levadura que fermenta y crece; el sembrador...
b) El mensaje del Reino no sólo se "conoce", hace falta construirlo. Por eso Jesús busca una reacción en el oyente. Esto lo logra con unos finales imprevistos y desconcertantes de las parábolas. Sus finales rozan lo absurdo (p. e. dejar crecer el trigo con la cizaña) causando sorpresa en el oyente. No se puede entender que alguien escuchara una parábola a Jesús y permaneciera impasible ya que cuestionan el orden social, moral y religioso de su tiempo. El mensaje del Reino de Dios como nueva sociedad justa, fraterna y solidaria implica radicalidad en las decisiones. Por eso, las parábolas incitan a comprometerse a favor de Jesús y su mensaje o a rechazarlo.
Una de las características de la parábolas es que son desconcertantes. Incluso se pueden plantear situaciones absurdas. Si Jesús hace este planteamiento es porque quiere resaltar especialmente algún aspecto del Reino, alguna característica del Dios; o cómo debe ser el comportamiento de los hombres . Éstas son las principales parábolas y relatos parabólicos de Jesús, éstas son algunas de las preguntas de fondo que suscitan.
1. Sin pescar toda la noche (Lc 5, 1-8) … pero… ¿Por qué
echar de nuevo las redes? …
2. Semilla para siembra (Mt 4, 5-6) … pero…¿Por qué
sembrar en campos baldíos?
3. Siembra que crece por sí misma (Mc 4, 26-27)… pero …¿Para
qué sirve el trabajo?
4. Trigo y cizaña: campo mezclado (Mt 13, 25-31) … pero…¿Por
qué dejar que crezca la cizaña?
5. Mujer que amasa pan con levadura (Mt 13, 33) … pero…¿No
es peligroso andar con levadura?
6. El comerciante compra una perla fina (Mt 13, 45) … pero…¿De
que vivirá si lo ha vendido todo?
7. Grano de mostaza (Mc 4, 31… pero…¿Cómo hablar de
un Reino tan pequeño?
8. Higuera estéril maldecida (Mc 11, 13-21) … pero…¿Qué
culpa tiene la higuera?
9. Campo con tesoro escondido (Mt 13, 43) … pero…¿Es honrado
comprarlo, engañando a su amo?
10. Oveja perdida (Lc 16, 4-6) … pero…¿No es arriesgado dejar
solas a las 99 restantes?
11. Padre del hijo pródigo (Lc 15, 11-32) … pero…¿No
es injusto con el otro hermano?
12. Administrador que engaña al amo (Lc 16, 1-12) … pero…¿Cómo
puede ser modelo un corrupto?
13. Rico Epulón y Lázaro mendigo (Lc 16, 20-31) … pero…¿Se
salva el pobre sólo porque es pobre?
14. Construir una torre, hacer una guerra (Lc 14, 28-32) … pero…¿No
son gestos de pura política?
15. Banquete del rey para los pobres (Lc 14, 16-24) … pero…¿No
se deshonra al sentarse con los pobres?
16. Diez muchachas que esperan novio (Mt 25, 1-13) … pero…¿Por
qué no comparten las muchachas el aceite?
17. Amo que regresa tarde (Mc 13, 34-37) … pero…¿No ha dado
todo poder al mayordomo?
18. Rey y talentos (Mt 25, 13-24) ¿No es un rey egoísta y sanguinario?
19. Amo y los viñadores (Mc 12, 1-10) … pero…¿No es
cruel entregando a su hijo?
20. Obreros esperando trabajo en la plaza (Mt 20, 1-15) … pero…¿No
es injusto pagar lo mismo a todos?
21. Pastor que separa ovejas y cabras (Mt 25, 31-46) … pero…¿Cómo
se identifica el rey con los pobres?
Ten en cuenta que puedes consultar http://www2.netexplora.com/parabolas/index.html
para descubrir la respuesta. (Es una página que tarda
mucho en descargarse)
En este otro sitio estan las quince parábolas más significativas
http://www.geocities.com/rociocatte/lasparab.htm
En la tabla que tienes a continuación aparecen la gran mayoría de las parábolas, o relatos que son tenidos como parábolas.
Mateo |
Marcos |
Lucas |
||
| 1 | El sembrador | 13, 3-18; |
4, 13-20 |
8, 4-8; 11-15 |
| 2 | La cizaña en el trigo | 13,24-30 |
. |
. |
| 3 | El grano de mostaza | 13, 31-32 |
4, 30-32 |
13, 18-19 |
| 4 | Levadura en la masa | 13, 33 |
. |
13, 20-21 |
| 5 | Ciego que guía a otro ciego | 15, 14 |
. |
6, 39 |
| 6 | Viñadores homicidas | 21, 33-46 |
12, 1-12 |
20, 9-19 |
| 7 | Invitados que no van a cenar | 22, 1-10 |
. |
14, 16-24 |
| 8 | Invitados sin vestido de fiesta | 22, 11-14 |
. |
. |
| 9 | Higuera que no hecha fruto | 24, 32-33 |
13, 28-29 |
21, 29-31 |
| 10 | Médico ¡cúrate a ti mismo! | . |
. |
4, 23 |
| 11 | Remiendo nuevo | 9, 16 |
2, 21 |
5, 36 |
| 12 | Vino nuevo | 9, 17 |
2, 22 |
5, 37-39 |
| 13 | Rico tonto | . |
. |
12, 16-21 |
| 14 | Dueño casa y llega ladrón | 24, 42-14 |
. |
12, 39-40 |
| 15 | Higuera estéril | . |
. |
13,6-9 |
| 16 | Los invitados eligen puesto | . |
. |
14, 7-11 |
| 17 | Oveja perdida | 18, 12-14 |
. |
15, 4-7 |
| 18 | El juez y la viuda | . |
. |
18, 1-8 |
| 19 | El fariseo y el publicano | . |
. |
18, 9-14 |
| 20 | Talentos | 25, 14-30 |
. |
19, 11-27 |
. |
. |
. |
||
| 21 | Tesoro escondido | 13, 44 |
. |
. |
| 22 | Perla preciosa | 13, 45-46 |
. |
. |
| 23 | Red echada en el mar | 13, 47-50 |
. |
. |
| 24 | Dueño que saca lo nuevo y viejo | 13, 52 |
. |
. |
| 25 | Lámpara bajo el celemín | 4, 21-23 |
. |
8, 16-17; 11, 33 |
| 26 | Como juzguéis, así seréis juzgados | 7, 2; 13, 22 |
4, 24-25 |
8, 18 |
| 27 | Grano que crece solo | . |
4, 26-29 |
. |
| 28 | Los dos hijos envidos a la viña | 21, 28-32 |
. |
. |
| 29 | Reino dividido | 12, 25a |
3, 24 |
11, 27 |
| 30 | Casa dividida | 12, 25b |
3, 25 |
. |
| 31 | Fuerte vencido por otro más fuerte | 12, 29 |
3, 27 |
11, 21-22 |
| 32 | Dracma perdida | . |
. |
15, 8-10 |
| 33 | Padre que da cosas buenas a sus hijos | 7, 9-11 |
. |
11, 11-13 |
| 34 | Hombre que edifica su casa | 7,24-27 |
. |
6, 47-49 |
| 35 | Niños que juegan en la plaza | 11,16-19 |
. |
7, 31-35 |
| 36 | Oveja que cae al pozo | 12,11-12 |
. |
14, 5-6 |
| 37 | Impuesto que cobran los reyes | 17, 25b-26 |
. |
. |
| 38 | Siervo cruel | 18, 23-35 |
. |
|
| 39 | Trabajadores de la viña | 20, 1-16 |
. |
. |
| 40 | Siervo en ausencia del amo | 24,45-51 |
. |
. |
| 41 | Diez vírgenes | 25, 1-13 |
. |
. |
| 42 | Pastor que separa ovejas y cabritos | 25,32-33 |
. |
. |
| 43 | Hombre que se va de casa | . |
13, 33-37 |
.. |
| 44 | Acreedor que perdona a sus deudores | . |
. |
7, 41-43 |
| 45 | Buen samaritano | . |
. |
10, 30-37 |
| 46 | Amigo inoportuno | . |
. |
11, 5-10 |
| 47 | Añadir un codo a su estatura | 6, 27 |
. |
12, 25-26 |
| 48 | Siervos que esperan el regreso del amo | . |
. |
12, 35-38 |
| 49 | Hombre que construye una torre | . |
. |
14, 28-30 |
| 51 | Rey que se enfrenta a otro | . |
. |
14, 31-32 |
| 51 | Administrador infiel | . |
. |
16, 1-9 |
| 52 | Lázaro y el rico | . |
. |
16, 19-31 |

